9. El Principito – Antoine de Saint-Exupéry – #Las20DelXX

On ne voit bien qu’avec le coeur. L’essentiel est invisible pour les yeux.

El principito tiene la particularidad de enseñarnos a ver el mundo desde los ojos del amor, desde la importancia de la amistad y las conexiones que hacemos desde nuestro cora­zón. No importa la cantidad de rosas que haya en el mundo, la que importa es la que es única, la que consentimos, la que protegemos del viento y cubrimos para que sobreviva. Impor­ta el tiempo que invertimos en ella, porque desafortunada­mente las personas adultas no tienen tiempo, andan dema­siado ocupadas haciendo cosas importantes, según ellos.

Esta obra encierra esa belleza de recordarnos que el mun­do que queremos no es el de las posesiones, los negocios, la vanidad o el reinado sobre un insignificante asteroide, todas esas obsesiones no significan nada ante la amistad, ante esa idea de “domesticar”, pero desde el significado planteado por libro: la idea de domesticar al zorro es la de crear lazos de amistad y generar emociones en el otro. Por eso, lo que es realmente importante es saber si al final la oveja se comió o no a la rosa del asteroide del principito. Es ponernos a mirar las estrellas y escuchar la risa que encie­rra la vida. Es como si a través de esa infancia perdida en el desierto, Saint-Exupery quisiera recordarnos que los adul­tos cada vez nos encerramos en mundos supuestamente “serios”, pero cada vez más carente de emociones.

La amistad no tiene cabida en los hombres serios ni tiene cabida en los libros de geografía, porque las rosas, como la amistad, son efímeras y lo efímero no puede quedar regis­trado en los libros. Pero en realidad, una verdadera amistad, es difícil de tener, por eso el principito llega a la Tierra a buscar a los hombres y cae en un desierto. “Está uno un poco sólo en el desierto” y la serpiente aclara que uno tam­bién se está muy solo entre los hombres, sin embargo, el principito nos enseña, como el zorro, a ver con el corazón, porque “lo esencial es invisible a los ojos”.

El principito no corre detrás del tiempo, ni trabaja para te­ner tiempo y luego, con él, hacer más cosas “serias”. “Los hombres no saben lo que buscan”. Por el contrario, nos dice que con ese tiempo libre él simplemente se iría hasta la fuente de agua y disfrutaría del paisaje mientras camina. Es esa la vida que nos dice el principito que no perdamos de vista, como las estrellas que son bellas a causa de una flor que no vemos, que aprendamos a sentir desde el cora­zón, porque ahí reside el amor y la amistad, el mundo de las emociones y no el de la acumulación de números, reinos y datos. Nos dice que aprendamos a ver el dibujo de la boa que se comió un elefante y no perdamos la inocencia, o de lo contrario viviríamos bajo la sombra que produce el som­brero de las cosas serias y ahí, las estrellas no ríen.

Por: Manuel José Rincón Domínguez – @mjrincond

Periodista y escritor con posgra­dos en Ciencia Política y Relacio­nes Internacionales y en Forma­ción Literaria en la Universidad Católica de Lovaina la Nueva (Bélgica) y maestría en Creación Literaria de la Universidad de Texas en El Paso (Estados Unidos). Autor de la novela Prince­sas en Ámsterdam y los libros de relatos Cuentos y pasiones del cielo y Una daga en Alexanderplatz. Ganador del Concurso Nacional de Cuento – Ciudad de Bogotá

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