10. The Catcher in the Rye – #Las20DelXX

Uno de los aspectos que más llama la atención al acercarse a esta emblemá­tica obra de J. D. Sallinger (Estados Unidos, 1919 – 2010), es la cantidad de páginas que se han dedicado a describir y analizar los problemas ex­perimentados por las traducciones al idioma castellano. Una muestra de esto la constituye la di­ficultad para encontrar un equivalente al título original The Catcher in the Rye, traducido como El Cazador oculto, en la versión argentina y El guardián entre el centeno, en la tra­ducción española, más conocida y aceptada, pero no exen­ta de polémica por su literalidad. Esta circunstancia no se limita únicamente a la denominación de la obra, sino que se puede apreciar a lo largo de sus páginas y es atribuible a la oralidad que con gran acierto reproduce el autor, a través de Holden Caufield, protagonista de la historia, cuya narración nos sumerge en el universo de un adolescente de la clase alta estadounidense de la década posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La voz de Caulfiled refleja el desencanto, frecuente en la literatura de los Estados Unidos a lo largo del siglo XX, que se advierte en obras como Hermosos y malditos y El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald, Fiesta de Ernest Hemin­gway, o La conjura de los necios de John Kennedy Toole, solo por mencionar algunos ejemplos. En el caso de El guar­dián entre el centeno, este sentimiento parece estar acom­pañado de una suerte de determinismo que puede apreciar­se en la forma, abúlica, más que estoica, con la que el joven narrador afronta la vida y de la que ni siquiera escapa en el plano de su imaginación, en el que fantasea con ser un “duro” de película que recibe impávido los golpes de la vida.

Con esta tesitura transcurre la narración, que además es aderezada con la aparente frivolidad, que le confiere el len­guaje coloquial y el desenfado del protagonista, que sin pu­dor, pero con la candidez aún propia de su edad y de su tiempo, narra aspectos como la amistad, el desconocimien­to frente al despertar de la sexualidad, o la herida, aún sin sanar, que produjo la muerte de Allie, su hermano menor. La descripción de la relación con su familia está presente a lo largo de la historia y nos permite conocer la admiración que profesa por D. B., su hermano mayor, a quién considera su escritor favorito; la amistad que lo une a su pequeña herma­na Phoebe, probablemente la única persona a la que teme decepcionar; o la presencia distante de sus padres.

La violencia, en sus diferentes manifestaciones, es uno de los aspectos que se abordan de forma recurrente en esta obra. Su mención en el relato del joven Holden, abarca des­de los pleitos juveniles y el maltrato entre compañeros del colegio, hasta la agresión de un proxeneta, pasando por una no tan sutil insinuación de acoso sexual y la presencia del suicidio, no solo como una idea que ronda por la cabeza de los adolescentes, sino como una realidad de la que fueron testigos los estudiantes del colegio Pencey, que en opinión del Caulfield está lejos de cumplir con su lema “[…] moldea­mos muchachos transformándolos en hombres espléndidos y de mente clara”, en lo que además se trasluce una crítica al sistema educativo y en un sentido más amplio a la sociedad de la unión americana.

Uno de los apartados más bellos de la novela es el que nos narra el origen del título, que también da cuenta de la bús­queda ineludible del sentido de la vida. Para Caulfield este parece esquivo en el plano de la realidad y se vincula a un mundo imaginario en el que se siente obligado a asumir un rol de protector de aquellos, que igual que él, conviven con el peligro inminente de perderse:

“Muchas veces me imagino que hay un montón de niños ju­gando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están so­los, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”.

El guardián entre el centeno es la única novela publicada por J.D. Sallinger, cuya bibliografía, breve pero notable, se completa con tres libros de relatos. Desde su aparición en 1951 se convirtió en un fenómeno literario y un ícono no solo en los Estados Unidos, sino también de la literatura universal. Ha tenido gran influencia en la cultura popular y aunque nunca ha sido llevada al cine ha inspirado diversos personajes, canciones y grupos musicales. Se trata de una lectura amable y fluida, con vocación reflexiva y un mensaje profundo, que sin lugar a dudas se ha ganado su lugar en el listado de obras imprescindibles del siglo XX.

Por: Ismael Iriarte Ramírez

Periodista y escritor colombiano, magíster en Estudios Avanzados en Literatura Espa­ñola e Hispanoamericana. En la actualidad se desempeña como director de la revis­ta Túnel de letras, columnista de la revista Nova et Vetera y Digital Project Manager de la Universidad del Rosario. Autor de las no­velas El caso Riegler y Piedras en el cielo. Es cofundador del Club de lectura Inklings.

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