2. El proceso: el sinsentido de la vida contra el absurdo de la muerte -#Las20DelXX

Tratar de describir la novela El proceso (Der prozess) pu­blicada por primera vez en 1925 tras la prematura muerte del autor, invita a sumergirse en la cosmovisión del gran escritor Franz Kafka. Para ello, bástese con tratar de imagi­nar un mundo dominado por el absurdo, por el sinsentido, por el borde del precipicio que invita a saltar hacia la locura del que escribe. Una locura que no es sino el reflejo de la propia realidad desprovista de sentido común, de orden. En esta magnífica novela, el protagonista, Josef K, se ve inmer­so en un insufrible proceso judicial pues ha sido acusado de algo. Algo a lo que el propio señor K no puede acceder. ¿Cómo podría entonces defenderse siquiera, si no conoce el crimen que se le imputa?

En ese talante, El proceso lleva al lector por un camino serpenteante, sinuoso, lleno de vacíos en cuanto a nuestro sentido común se refiere. La injusticia se adhiere a la des­esperación que nace del proceso judicial al que el señor K se enfrenta sin ninguna posibilidad de salir avante. Desco­noce el crimen; al acusador; al juez que indefectiblemente tendrá que emitir su sentencia en algún momento. Lo único que le demuestra que no es víctima de una ensoñación con tintes de pesadilla es la manera tan inhumana con la que los guardias del juzgado lo tratan, llevándolo de una instancia a otra en una carrera casi infernal para un protagonista que cada vez se acerca más a su sentencia, a la vez que se va alejando de la posibilidad de conocer el proceso al que está irremediablemente sujeto. Al que es sometido luego de una mañana en la que dos verdugos se presentan ante la pensión en la que vive para comunicarle que se ha iniciado tal proceso en su contra, que está siendo arrestado.

A partir de ese momento, el desconocimiento del motivo o razón del arresto que ha puesto su vida de cabeza se torna una constante que, a golpe de teclas, va induciendo al lector a ponerse en la piel de Josef K en un terrorífico acto de empatía del que no puede salir incólume, como si en cada palabra, el autor quisiera investirnos del sinsabor de la desgracia, de la falta de misericordia, de la absoluta desesperación en la que el protagonista se va hundiendo poco a poco en la trama de la novela.

Es, sin lugar a dudas, una obra autobiográfica que nos invita a echar un fugaz vistazo a la vida de Kafka —señor K—. Al desosiego al que se enfrentó, sobre todo, en la última etapa de su vida. Una vida a la que nunca pudo revestir de com­pleto sentido y satisfacción.

El proceso es, a todas vistas, una obra nacida de los fan­tasmas a los que el autor se enfrentaba en su día a día. Su lectura contiene una doble implicación: por un lado, está el castigo al que somete a su protagonista, sumiéndolo en el proceso del que no puede librarse y en el cual aguarda, sin realmente quererlo así, a que se resuelva su problema con ayuda de algo de justicia. Una justicia inexistente en la novela. Por otro lado, invita al lector a sumergirse en una situación de la que difícilmente hallará una salida. Lo que provee la sensación de angustia en él. Una angustia que surge de la decadencia de ese sentido que las cosas deberían tener, pero al ser carente de este, invitan al lector a re­pensar su propia existencia, cayendo en la cuenta de todas esas cosas de las que es imposible tener el control o acce­so, haciendo que la tan añorada tranquilidad se descarrile, evidenciando la imposibilidad de una defensa, tal como le ocurre al señor K.

El proceso trata, pues, sobre la incapacidad de saciar nues­tros más profundos deseos; sobre la pérdida de la libertad y del control en nuestra propia vida. Una vida acosada por procesos burocráticos que nos envuelven, amagan y nos llevan al borde de ese precipicio en donde la razón parece yacer en el fondo, casi obligándonos a dar el salto al vacío para terminar de perdernos de una vez y para siempre. Se trata de una excelente novela, escrita con la maestría que solo Kafka puede dar a sus escabrosos relatos nacidos de las más básicas pulsiones de muerte mediante los cuales logra estetizar los horrores de la vida cotidiana. Un relato que invita casi de forma violenta e irruptiva, a incursionar en la reflexión de nuestra propia libertad, así como de nuestro propio papel en la sociedad. Una sociedad no muy lejana a la que Kafka conoció, inspirándolo a explorar las emociones humanas partiendo, muy a su estilo, de las más banales: la desolación, la desesperanza, la pérdida de la propia cons­ciencia, lo que lleva al individuo a enfrentarse contra el ab­surdo. Contra la muerte. Contra la nada.

Sin lugar a dudas El proceso ocupa ya un lugar privilegia­do entre las obras imprescindibles del siglo XX capturando la atención de un sinnúmero de lectores fanáticos de este género nacido de la imaginativa y tortuosa mente de Franz Kafka. Una novela que mucho contribuyó al concepto hoy conocido popularmente como kafkiano.


Por: Marcos David González

Marcos David González Fernán­dez (México, 1979). Es Psicólogo de formación y Maestro en Evaluación y Medida de la Conducta por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, España. Es autor de las novelas La sombra del sicario (2017) y Muerte en el crepúsculo (Distrito 93, 2019). Ha contribuido con algunas revistas como lo son La Redacción (2018) y The Fiction Review (2019). En 2020 participó en la XIV Bienal Femsa con 6 poe­mas inéditos en la colección titulada Susurros, en México. áreas de capacitación, educación, virtualidad, comunicación y relaciones públicas (PR).

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