Diez años para vivir mil vidas

“Las cosas bellas que escribiremos si tenemos talento están en nosotros, indistintas, como el recuerdo de una melodía que nos encanta sin que podamos hallarle el contorno, tararearlo; ni siquiera dar una impresión cuantitativa, decir si hay pausas o una sucesión de notas rápidas. Aquellos obsesionados por el recuerdo confuso de las verdades que nunca conocieron son los hombres dotados”.

Marcel Proust

Esta hermosa frase del novelista francés Marcel Proust sirve como colofón del discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, concedido a V.S. Naipaul en 2001. No obstante, acto seguido y revestido de la humildad y modestia que requería la solemnidad de la ocasión, el recordado autor trinitario de origen indio se desliga de la idea del sobrenatural toque de las musas y atribuye su éxito a dos factores más mundanos: suerte y mucho esfuerzo.

Desprovistos de la genialidad concedida solo a algunos pocos como Proust y Naipul es precisamente desde la suerte y el esfuerzo desde donde se explican estos primeros diez años de existencia de Túnel de letras, un proyecto que nació del amor a la lectura y la escritura. La fortuna, el primero de los factores mencionados, se hace evidente en la venturosa posibilidad de descubrir en cada página impensadas historias que cambian para siempre nuestra forma de ver la vida, mensajes cifrados cuya sola existencia pone en alerta los sentidos y personajes entrañables en los que poder descubrir algún rasgo familiar, o por el contrario, admirar los atributos que soñamos poseer.

También hemos de celebrar el feliz encuentro con los creadores de estos universos, surgidos de la febril imaginación de grandes autores, que desde diversos lugares del mundo han confiado en nuestra revista para depositar el preciado bien que representa su obra. Nuevas voces o escritores consagrados han compartido de forma generosa algunos detalles de su profesión, o, tal vez sea más acertado decirlo, de su vocación. Todos ellos se han convertido en amigos de esta casa, en ciudadanos ilustres de nuestra modesta nación, derecho que se adquiere de la misma forma, insondable, arbitraria y afectuosa en la que se obtienen los títulos nobiliarios en el legendario, real y ficticio Reino de Redonda, que es gobernado por el gran Javier Marías, pero reside en el corazón.

Por su parte el esfuerzo, la disciplina y sobre todas las cosas la paciencia han sido necesarias en aquellos momentos de silencio y apatía, en los que estuvo latente la posibilidad de abandonar ante las dificultades. Además de los resultados atribuibles a nuestra propia tenacidad, nobleza obliga reconocer que este camino no hubiera podido ser transitado sin la ayuda de nuestros lectores, colaboradores e invitados y en general de todos aquellos que comparten con nosotros esta pasión, que los convierte en miembros de una selecta comunidad capaz de encontrar en las letras un escape de la realidad, una herramienta para volar muy alto, alcanzar sueños e incluso, con un poco de fe, reescribir la historia. Su compañía y fidelidad han representado y lo seguirán haciendo, el mejor reconocimiento a nuestro trabajo, que renueva las fuerzas para seguir adelante.

Huelga mencionar que durante este periodo no han sido pocas las ocasiones en las que los integrantes de este proyecto nos hemos visto envueltos en la espiral del tiempo, que pasa de prisa y nos hace creer que no sucede nada. Sin embargo, durante estos diez años he sido testigo de acontecimientos maravillosos que han superado las expectativas, tímidas e indefinidas de nuestros orígenes, entre los que se cuentan, solo por mencionar algunos ejemplos, dos proyectos literarios que han llegado a buen puerto, que no es otro que la complicidad del lector; unos más que aguardan impacientes su momento de ver la luz; y otros tantos que laten inadvertidos en algún lugar de mi conciencia.

Solo me queda dar gracias. Gracias a los que han estado desde el principio, a los amigos que lo dieron todo, pero siguieron su propia senda, a los que se han unido en el camino y a los que un día nos acompañarán. Gracias por las alegrías y las enseñanzas, por los logros y los nuevos proyectos.

¡Feliz cumpleaños Túnel de letras y que sean muchos más!

Ismael Iriarte Ramírez

Director

tuneldeletras@gmail.com

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